El camino de Santiago



El camino es el fin, y la tierra, polvorienta, es el medio de transitar por él. El finis terrae romano es el destino de miles de personas durante estos años de comienzo de milenio. Antes de la aparición del santo Apóstol Santiago ya se iba a Finis Terrae (Finisterre)  donde miles de personas sintieron el miedo religioso al contemplar cómo el sol era engullido por un océano bravo e inhóspito. 


Desde el descubrimiento de la tumba de Santiago Apóstol en Compostela iniciado el siglo IX, el camino se convirtió en una de las rutas de peregrinación más importantes de la Europa medieval. El paso de los innumerables peregrinos que, movidos por su fe, se dirigían a Santiago desde todos los países europeos sirvió de punto de partida de todo un desarrollo artístico, económico y social que dejó huellas a lo largo de todo el camino de Santiago.

En el año 1993, Año Jacobeo, se produce el resurgir de la peregrinación a Santiago, la mezcla del reto deportivo con la religiosidad, de la búsqueda de lo auténtico y de uno mismo, todo ello escoltado por arte románico y gótico, entre caballeros templarios y monjes benedictinos, entre hayas y trigos, entre castaños y carvallos, entre leyendas y milagros, hacen del camino de Santiago una experiencia única.

Mis etapas del camino. (año jacobeo 2010)

Día I: Sárria a Portomarín.

De Sárria a Portomarín. (23km). Para mi la Rua Maior de Sárria fue el kilómetro 0 de mi peregrinación a la tumba del Apóstol. Habiendo llegado sobre las ocho de la tarde tras casi 12 horas de tren, el aire cálido y húmedo de las calles de Sárria era terriblemente reconfortante. Deambular por sus calles repletas de peregrinos, ver sus caras, algunas de inmensa felicidad por ser, al igual que yo, la primera de las etapas, otras caras, más demacradas y cansadas narraban sin palabras el esfuerzo del camino.

          

Mis primeras horas en Sárria fueron un ir y venir preguntando en vano la posibilidad de dormir en un albergue, dado que en año Jacobeo y sin reserva previa, se preveía una tarea inútil. Pero ahí estaba yo, caminando cerca del Convento de Santa Magdalena y el edificio de la prisión, hasta que un lugareño me indicó que si quería dormir a cubierto habían habilitado el pabellón municipal para los peregrinos tardíos como yo. Así que, tras una ducha de agua gélida, acomodar mi mochila y tender la esterilla en el suelo de parqué del pabellón mi dispuse a pasar mi primera noche en el camino.

Sárria by night
La noche vino corta, ya que a las cinco de la mañana, los primeros peregrinos se calzaban sus botas y salian prestos a la carretera para iniciar las andainas por galiza (término con el que los gallegos denominan a los caminantes). Aún con noche cerrada una procesión de cuerpos mal alumbrados se adentra en bosques de majestuosos y fantasmagóricos castaños cuyos troncos se retuercen en posturas imposibles y dan pie a que la imaginación fluya en exceso.

Cementerio
Saliendo de Sárria

Poco a poco el día arranca entre una cortina de niebla que parece no querer abandonar el sotobosque, de entre los arboles aparece majestuosa la iglesia románica de Santiago y su camposanto abandonado. Poco a poco la tenue luz va ganando terreno a la bruma, camino durante kilómetros junto a roídos muros de piedra bañados de en abundante musgo y un camino que hace las veces de pequeña riera donde los campos colindantes envían el sobrante de agua acumulada en la noche. Pequeños pazos y aldeas alternan con bosques de carvallos.

Entrando a Brea 
Más Ovellots, pero estos son gallegos
Una multitud se agolpa en medio de la nada y me abstraen de mis pensamientos, al tomar conciencia de dónde estoy me doy cuenta que mis brazos están cubiertos por una fina película de rocío y la ligera brisa que parece bajar de un cerro próximo hace que me estremezca, sin saberlo he llegado a la primera fita del camino, el mojón de los 100 kilómetros.... Sólo esa distancia me separa del final del trayecto.

Desayunando en Mercadoiro
La Bodeguiña de Mercadoiro
El camino va en descenso y en lo alto de un cerro se divisa el final de la primera etapa. Allí está impasible, poderoso, viendo el pasar de los tiempos, una mole negruzca se erige por encima de las demás, el Templo fortaleza de San Nicolás de Portomarín. A sus pies el río Miño y su eterno puente y al final una escalinata de piedra de un antiguo puente romano-medieval.

Puente sobre el Miño y la fortaleza a la derecha
 Portamarín es la capital del concello (municipio) que lleva su mismo nombre, se encuentra sobre el margen derecho del río Miño. Se accede al pueblo por la escalinata que tiene asentada sobre los arcos del viejo puente medieval, donde también se colocó la capilla de la Virgen de las Nieves. La ciudad antigua formada por dos barrios, San Nicolás y San Pedro, está sumergida en el embalse de Belesar. Portomarín fue un centro de paso medieval muy importante, tanto que la iglesia fortaleza de San Nicolás, erigida por los monjes-caballeros de la orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XII, se convirtió en ciudad franca para aquellos caballeros que buscaban un alto seguro en el camino y puerto de grandes comercios.

 

La llegada fue espectacular, no se por qué, pensé que realmente no estaba en tierras gallegas, las casitas blancas con sus balcones engalanados con flores de colores vivos daba cuenta mas bien de las barrios cordobeses durante su feria de Abril.

Ayuntamiento de Portomarín
 Me senté en un muro a descansar y contemplaba ocioso como miles de peregrinos dejaban sus pertenencias en los aledaños del albergue mientras ellos se tomaban unas frias cervezas para apaciguar el calor, en otro lado, junto a una pequeña ermita, un grupo de norteamericanos rodeaban a un hombre mayor que parecía estar narrando una historia muy interesante ya que, en el rato que estuve observándolos nadie pestañeo, ni dio muestras de aburrimiento, al revés, estaban atentos a la narración y no perdían detalle de todo aquello que el gurú les iba señalando.

 

  Esa noche cené en O mesón de Rodríguez, un buen plato de caldo gallego y una ración de pulpo. Estaba todo delicioso y gracias a la credencial tampoco resulto ser muy caro. Caída la noche me fui al margen del río, allí estiré el saco, coloque mi mochila en forma de almohada y me dormí repasando el trayecto a completar el día siguiente.



Día II: Portomarín - Palas de Rei - Casanovas


El camino empezó al alba, sobre las 5 de la mañana, la noche había transcurrido tranquila y sin sobresaltos, la única molestia eran los dichosos mosquitos que intentaban alimentarse de mi. Me despertó el ruido de los primeros peregrinos, por otro lado, algo habitual en el camino. Cruzamos el río Miño y nos adentramos nuevamente en el bosque, la etapa empieza con un ligero ascenso hacia el monte de San Antonio donde empezamos a llanear entre pinos y prados. Los primeros kilómetros del día transcurran cerca de la carretera y por caminos asfaltados, pero esto no quita ni un ápice de épica a la peregrinación.

A la salida de Ventas de Narón
Por carreteras secundarias

Transcurridos los primeros 8 km, llegamos a la iglesia de Santa María, en la población de Gonzar y en breve tomamos una carretera que nos conduce a Castromaior, desde aquí afrontamos una exigente subida de 700 metros hasta llegar a Hospital de Cruz. Aquí aprovecho para desayunar y aprovisionarme de agua en un abrevadero próximo. Ahora disfrutamos de un descenso que mis piernas van a disfrutar, ya que la humedad del Miño me la llevo de recuerdo en cada uno de los huesos que conforman mis tobillos y rodillas. Paso por varias aldeas y de pronto, ahí está, austera e imponente, el Cruceiro de Lameiros, el único cruceiro del camino con doble cara, por un lado, Jesucristo, y por el contrario, la Virgen de los Dolores. En la base podemos apreciar los relieves de unas tenazas, una corona de espinas y una calavera, símbolos del calvario de Cristo.

Cruceiro de Lameiros
Dando ánimos para el peregrino
Al poco llegamos a Ligonde donde me acerco a ver el cementerio de Peregrinos y la casa Carneiro, que tuvo entre sus ilustres huéspedes a Carlos V, en 1520, cuando viajaba para ser coronado como emperador, y a Felipe II en Mayo de 1554 de camino a la Coruña para casarse con María Tudor. A partir de aquí volvemos a enlazar con caminos asfaltados y carreteras secundarias que transitan entre aldeas, orreos y capillas abandonadas. Hasta llegar a O Rosario, lugar donde los peregrinos rezaban un rosario ante la vista del Monte Sacro, donde los discípulos de Santiago domaron a los toros bravos que luego trasladaron los restos del Apóstol hasta Santiago.

Ligonde
Cementerio abandonado
Por fin llegamos a Palas de Rei, cansado, muy cansado, las dos últimas horas de camino las he hecho con un sol de justicia dándome en el cogote y recalentando el asfalto que pisábamos, un asfalto que por momentos parecía querer retenernos allí de por vida. Pero la imagen de la rua del apóstol y el casco antiguo de Palas me animan a conocer un poco más esta ciudad. La historia de Palas de Rei se remonta a épocas muy remotas y más teniendo en cuenta la cantidad de castros celtas existentes en este municipio y su emplazamiento en la vía romana de Lugo a Astorga.

Palas de Réi
Está plagado de Orreos
Era un lugar importante en la edad media donde solían juntarse los peregrinos para afrontar los últimos tramos de la ruta Jacobea. La iglesia de San Tirso, más concrétamente, su portada románica es el único vestigio de su pasado histórico, sin embargo la riqueza artística de Palas reside en la posesión de una veintena de iglesias románicas como la de Villar de Domas, el castillo de Pambre y los Pazos de Ulloa. Mientras voy admirando esta ruta románica y sabiendo que por hacer este paseo voy a realizar más kilómetros de la cuenta aprovecho para comer un buen menú en una pequeña ermita convertida en restaurante.

Castillo de Pambre
Abandonamos Palas de rei por la travesía del Peregrino y descendemos por un calle adoquinada llamada Rua do Apóstol. A partir de aquí el camino discurre junto al río Roxán. Este tramo es espectacular, igual que los bosques malditos del señor de los anillos, el camino entra en zona de arboles retorcidos que parecen comerse a las rocas y muros que delimitan la calzada, y a nuestros pies, losas de piedra titánicas impiden que   el agua que rebosa el río nos moje hasta los tobillos. Una vez pasado este tramo llegamos a Casanova, final de nuestra etapa.
Y yo me quejaba del peso de mi mochila
Campos de Casanova
En esta parada si hice noche en un albergue, pero no en su interior, sino en el porche. Aquí descubrí la variante más cristiana de realizar el camino y otra más cuestionable, por no llamarla absurda que no contaré porque me resultó patética. El albergue estaba en medio de la nada, sólo rodeado de prados y bosques, preguntamos a la hospitalaria que regentaba el albergue si existía la posibilidad de comprar comida o bien de pagar un menú en algún lugar cercano, pero nos dijo que el núcleo poblado más próximo con zona de comidas estaba a unos 10 km.

No era la hospitalaria pero era más educado
Al poco rato de estar en el albergue preparando las improvisadas camas bajo el porche del albergue un coche antiguo se detuvo delante de la entrada principal, del vehículo salió un cura mayor aviado con una sotana marrón que mas bien parecía un saco de patatas que hacía las veces de túnica. Con voz muy agradable nos preguntó si teníamos hambre y al asentir con la cabeza nos invitó a subir al coche para acercarnos a una ermita que estaba a 5 kilómetros monte arriba y donde el nos prepararía la cena.

Descansando en mi "nueva cama"
Mi habitación
Tras comentárselo a la mujer del albergue nos dijo que era Don Xulian, párroco de un pequeño concello cercano a Casanova y que por caridad cristiana siempre bajaba al albergue a buscar a peregrinos para ofrecerles comida y cobijo cuando el albergue público ya estaba repleto y lo único que pedía era la voluntad.
El párroco dio dos o tres viajes en coche hasta llevarnos a todos a su parroquia, una vieja iglesia, con un cementerio adosado que estaba en un estado lamentable. Nos sentamos en una mesa de madera enorme en medio de la rectoría, y uno a uno, nos fue sirviendo un buen plato de caldo con verduras, unas tortillas en rebanadas de pan y tetina gallega (un queso suave que se puede tomar de postre acompañado con miel). Nos explicó que todo estaba criado o recogido en las tierras de su iglesia y que era lo único que nos podía ofrecer. Fue un manjar y Don Xulian como perfecto anfitrión nos contaba historias del camino y anecdotas que le habían ocurrido tras más de cuarenta años al frente de esa parroquia.


Día III. De Casanova - Melida - Arzua - Salceda - O'Pedrouzo.


Vaya noche!!! Ha sido una noche muy dura, la lluvia no ha cesado de caer, la humedad se podía cortar a cuchillo y hemos amanecido con una fina película de escarcha por todo el saco de dormir. A las tres de la mañana un burro ha empezado a relinchar a pleno pulmón y los mosquitos que también querían cobijarse de la lluvia han revoloteado sobre nuestras cabezas sin dar descanso a nuestros oídos. A las cinco y media de la mañana hemos decidido levantar el campamento los cinco que dormíamos a la intemperie y preparar café en la barbacoa, aprovechando las llamas primero y las brasas después para secar un poco los sacos y esterillas.

Recogiendo el campamento tras el diluvio
A las siete de la mañana y con el sol desperezándose he iniciado la andadura. Hoy prometía ser un día duro, mi intención era completar dos etapas, un total de 48km con la idea de llegar a O'Pedrouzo por la tarde, dormir en cualquier lado y realizar al día siguiente sólo 15 km. y descansar todo el día en el monte del Gozo, a escasos 5 km del centro de Santiago. La primera aldea que encontré era el lindar entre Lugo y la Coruña. Leboreiro era el nombre de la aldea, donde destacaba un precioso cabazo, que a igual que los orreos servia para guardar y conservar el maiz.

Cabazo de Laboreiro
De esta etapa destaco el hecho que gran parte discurre por caminos asfaltados y travesías rurales bien marcadas y definidas, aunque es cierto que quizas esta sea la etapa en la que más parajes impresionantes y zonas con encanto he visto. En primer lugar destacar el paso por el río Furelos, cruzamos este afluente del Ulla por un puente medieval y accedemos a la parroquia de San Xoan de Furelos, antesala de Melide, la capital del Concello. La visión de la parroquia y del pueblo en sí es sobrecogedor, nadie por la calle adoquinada, puertas y ventanas cerradas con enormes bandas de acero, un silencio sepulcral pero una belleza increible.

Puente de entrada a Furelos
Impresionante
Al fin llegamos a Melide, esta población es el punto de unión de los peregrinos que realizan el camino francés (como yo) y aquellos que realizan el camino primitivo*. De origen pre-romano, este nucleo fue repoblado por el arzobispo Gelmirez. De la iglesia románica de San Pedro, más conocida como la Capilla de San Roque sólo queda la fachada principal, aquí también encontramos el que está considerado el cruceiro más antiguo de Galicia.

Ahora el camino discurre por caminos de tierra amarilla y envueltos por extensos e inexpugnables bosques de eucaliptus. Nuestro próximo destino es Árzua. En este tramo se agradece el hecho de que en su gran parte lo recorremos entre los arboles, cuya sombra me protege del sol del mediodía.

Bosques de Eucaliptos
Sobre las doce y media llego a Ribadiso da Baixo, un precioso lugar sobre el río Iso que cruzamos por otro puente antiquísimo y por cuyas ojivas pasa un agua transparente y fría que hace las delicias de los peregrinos que se refrescan en él, unos cuantos metemos los pies pero sólo unos valientes son capaces de meterse hasta la cintura. Yo lo intente en un par de ocasiones pero a la que el agua llegaba a las rodillas me desaparecían las ganas de seguir avanzando. Tras cruzar el puente se encuentra el Hospital de San Antón de Ponte Ribadiso, hoy convertido en Albergue.

Puente especial
Albergue de Ribadiso
Pasado Ribadiso pasamos nuevamente sobre el río Iso, pero esta vez el puente no es tan típico de las construcciones románicas, pero no deja de ser un puente realmente curioso. Tras 20 km ya hemos llegado a Arzua, en teoría esta población debería ser el final de etapa, pero Peter Sylcody, un chico húngaro que he conocido en esta etapa, se apunta para continuar caminando hasta O Pedrouzo, la idea de caminar al día siguiente sólo 15 km y disfrutar de forma más relajada de Santiago le ha convencido para continuar.

Balcones de Arzua
Un pequeño descanso
En el casco antiguo de Arzua se encuentra el antigua convento de la Magdalena, una fundación agustina del siglo XIV que mantuvo un albergue para peregrinos pobres y que hoy está en ruinas. Muy cerca se encuentra la moderna Iglesia Parroquial de Santiago que posee dos imágenes del apóstol, una como peregrino y otra como Matamoros. Me hizo mucha gracia ver como eran las balconadas de las casas antiguas, parecían pegotes de madera enganchados a las paredes blancas de las casas, no dejaba de ser curioso. Continuamos por la calle del Apóstol hasta un nuevo cruceiro que delimitaba el final de la población.

Saliendo de Arzua
Y el cielo amenazando lluvia
Ahora transitamos por caminos agrícolas e iniciamos una ligera pendiente que con el paso de los kilómetros cada vez se erige más dando cuenta a nuestras cansadas piernas que quizás la decisión de doblar la etapa no ha sido muy acertada. Pero esto cambia al llegar a lo alto del cerro y ver extensos prados verdes o adornados con miles de girasoles que nos conducen a otro sendero de paredes de tierra enormes que parecen querer engullir a los peregrinos que por allí transitan.
 Tras quince kilómetros finalmente llegamos a O'Pedrouzo. Son cerca de las cinco de la tarde y las calles están repletas de peregrinos que van arriba y abajo buscando donde pasar la noche o bien donde cenar. Peter y yo directamente nos hospedamos dentro del polideportivo municipal. Que placer una ducha reconfortante y poder curarte finalmente las pequeñas durezas que nos han salido en los pies....indescriptible.

Caminos romanos que llegan a O'Pedrouzo

A alguien le pasó factura el camino

Día IV. De O'Pedrouzo a Monte do Gozo.

Tan sólo 20 kilómetros me separan de Santiago, el caminar se torna sereno, quizas por la proximidad del final, quizas por miedo a terminar o quizas por miedo a no saber que hacer después. Sobre caminos de hojarasca, entre los últimos bosques de eucalipto y robles, llegamos a las últimas aldeas del Concello de O Pino. Santiago nos espera tras lo alto de un cerro.

Levantando el día en O'Pedrouzo
Eucaliptus gigantes
Este día nos despertamos tarde, el pabellón municipal estaba casi vacio.Desperté tranquilo, relajado, sabiendo que esta etapa iba a ser corta, muy corta, pero pensaba alargar los escasos 15 kilómetros hasta la saciedad. Empezamos a andar con el sol alzándose en el horizonte, ibamos andando en silencio, cada cual absorto en sus pensamientos, no había nada que decir, estaba el camino andado. Hemos pasado la parroquia de San Pelayo y cogemos un desvio que nos lleva a Villamaior donde cruzamos el río Sionlla, cubierto de ovas y conocido como el rio de Lavacollas, lugar donde antaño los pelegrinos se despojaban de sus sucias y harapientas vestiduras y se lavaban en vistas de su próxima llegada a Santiago.

Este es Peter Sylcodi
Hacia Santiago
Llegamos a un camping y Peter y yo hacemos el primer alto del día y nos entregamos a esos pequeños placeres que hemos olvidado en los dias anteriores, sentarnos a una mesa de madera con unas cervezas muy frias y comer un plato de lacón con patatas, una ración de pulpo, un café de máquina y un orujo de hierbas que hace que la comida baje a los tobillos al instante. Más de dos horas estuvimos sentados allí, en la terracita de un camping cercano a San Marcos. Dos horas viendo pasar peregrinos, viendo pasar historias, en definitiva, viendo pasar el tiempo.

Peter & me
Ese pulpito a'feria

Aún bajo los efectos del orujo nos colocamos de nuevo las mochilas y enfilamos una carretera asfaltada que nos conduce directos al Monte do Gozo. Allí desde la altura, tenemos la primera visión de Santiago. Los pináculos de la catedral asoman de entre los bloques de piedra que conforman el casco antiguo de Santiago. Otro alto en el trayecto, parados frente a la estatua conmemoraiva del año Jacobeo de 1993,

Monte do Gozo
A sus pies, una pequeña ermita y metros más abajo el mayor albergue de todo el camino y punto final de la etapa de hoy. Aprovechamos el día para meter toda la ropa en la lavadora y la secadora y realizar alguna compra de souvenirs. Esta noche dormiré en un buen camastro y mañana, por fin, Santiago de Compostela.

Capilla del Gozo
Albergue del Monte de Gozo

Día V. De Monte do Gozo a Santiago de Compostela

No sabría decir cómo pase la noche, no recuerdo nada, después de ducharme y revisar rápidamente el camino de mañana no soy capaz de tener ningún recuerdo más. Me levanté nuevo, mis huesos agradecían sinceramente el haber dormido en una cama, me costó despegarlo del colchón. Supongo que mi cuerpo también presentía que ese día, 24 de Julio del 2010  iba a ser el último día de peregrinación. La verdad es que no sabría qué comentar de esta etapa, el camino realmente no permite muchas florituras narrativas, así que este último capítulo lo cerraré de la forma más gráfica posible, únicamente con un vídeo de la ciudad de Santiago de Compostela y su catedral y con una promesa en firme hecha ante la tumba del apóstol....

PROMETO VOLVER A PEREGRINAR